sintió el mundo tal como es. nada le nublaba la vista. apoyada en el tronco de una araucaria milenaria, de cara al río, hasta con los ojos cerrados veía los benteveos. de repente se levantó el austro y le secó el sudor de la frente, salvo una gota salada que se le metió al ojo y se fundió con la lagaña que se había olvidado de quitar en la mañana.
fregó los ojos al quitarse los lentes y la vio. la muerte. y esta, consciente de que la habían presenciado, retorció los labios en un amago de sonrisa, gélida y ardiente. de su boca falta de dientes escapó un lamento hueco y ensordecedor, y todo quedó en silencio. aturdida, la mujer se sentó y con la cara entre las palmas lloró.
<<¿me ves por primera vez?>> captó esas sílabas que le llegaron dentro de un remolino que giraba en torno a ella, desarraigando los lirios que brotaron y murieron en un anillo que circundaba el árbol.
en sus cavilaciones, <<yo siempre te veo. estás en todas partes y en ninguna, y siempre al mismo tiempo.>>
<<soy y dejo de ser>>
<<por primera vez te entiendo. sin ti no hay vida eterna. sin ti la vida es un río sin corriente>>
<<nada conmigo>>
la muerte le clavó la mirada en lo más profundo de su ser. y ella sintió como le arrebató su último aliento. distendida, le dio las gracias. y se echó al río.

